Contamos con dados contados...

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IMPROVISANDO DE MEMORIA (PARTE I)

                                      
    Uno de los más reconocidos escritores de cuentos tituló a su primera novela "El improvisador", que para mayores señas es autobiográfica. Hans Christian Andersen, autor de "El traje nuevo del emperador" o "El patito feo" y casi doscientos cuentos más, narra en esa primera novela sus viajes por Italia a finales del siglo XIX. En ese cuento autobiográfico, el protagonista viaja a la aventura por Roma, Nápoles o Venecia; su oficio es el de crear poesías en el momento, casi al instante, a partir de un determinado motivo o tema pedido por el público. En Italia precisamente hubo individuos que se hicieron célebres con esta profesión de cuentacuentos improvisadores, que al parecer era muy respetada en la época.

   Aquí y ahora no pretendo más que dar un par de pinceladas sobre la improvisación de versos, como pretexto para jugar luego con nuestros dados generadores de cuentos. La improvisación ha sido un arte rara pero también fascinante y en algunos contextos tiene hoy en día un gran arraigo y popularidad. Es muy recurrente mencionar la música rap y muchos podrían improvisar aquí sobre ese arte o destreza en los raperos; hay incluso sitios en que uno puede aprender en doce pasos a rapear improvisando, lo puedes comprobar aquí

  Pero si se habla de improvisación poética sería injusto olvidarse de los repentistas cubanos, de los payadores argentinos, de los troveros murcianos, de los decimistas peruanos o de los bertsolaris vascos. Y por supuesto que hay muchas más muestras de formas de improvisación poética en el mundo. El arte de la improvisación no es una tradición local o propia solo de una zona o región. Pero precisamente no tan lejos del folklore y  del romanticismo tardío de Christian Andersen, es inevitable que nos detengamos unas líneas en los bertsolaris,  que improvisan versos cantados, debiendo respetar siempre tanto la melodía como la rima, así como el tema prefijado y que al bertsolari no se le da a conocer hasta el mismo momento de cantar.  Aquí podéis deteneros a ver cómo un vallisoletano en su monólogo (no improvisado, pero bien interpretado) se ríe con cariño a costa estos versificadores vascos que vio en un campeonato, pero reconoce que, aunque él no entiende el euskera, lo que canta improvisando el bertsolari "le llega". La nueva generación de jóvenes bertsolaris ha logrado mantener viva esta hermosa tradición y tiene un éxito abrumador. Entre los vascos, según dicen, un gran bertsolari es más célebre que un escultor o que un pintor afamados. 

   Y aquí es cuando uno se acuerda del famoso e inmortal Homero, que acaso sea el mismo que los homeros anónimos que siglo tras siglo cantaron los versos épicos improvisados sobre formas esquemáticas. Raperos del mundo clásico. El profesor Maximiano Trapero escribió sobre la improvisación poética popular:    "Y está esa inmensa mayoría silenciosa de poetas populares improvisadores que cantan cada día, o cuando la ocasión se presenta, en el ámbito limitado de sus respectivos entornos, sin más espectadores que los que la circunstancia haya podido concurrir y sin otra pretensión que alegrar la tarde, o amenguar una pena, o decir en verso lo que el pensamiento dicta, para reflexión de la concurrencia".  

   Es exactamente ese el porqué y el valor de un canto o un cuento improvisados: agradar al público, llegándole incluso a fascinar. De esto tenemos más ejemplos de los que nos parece. En la película "Antes del amanecer" (dirigida por Richard Linklater en 1995) hay una escena en que un tipo necesitado de dinero aborda a la pareja protagonista mientras estos saborean su recién estrenado amor junto al Danubio de madrugada; el tipo no les pide dinero sino una palabra a partir de cual él improvisará un poema que, tal y como pactan, si les "enriquece sus vidas" el poeta será gratificado con lo que voluntariamente quiera obserquiarle la joven pareja. En el momento el chico escribe unos versos y se los recita a Celine y Jesse, que quedan fascinados al escuchar y sentir que las palabras improvisadas de ese desconocido van dirigidas tan solo a ellos esa noche, como si ese tipo fuera el mensajero de una aventura que no terminará con el día. Por cierto, la palabra que elige Celine está a primera vista entre las menos poética según los cánones...

    Y el cine también ha dejado otra escena legendaria para lucimiento de la improvisación oral. En "Memorias de África", la excepcional escritora Karen Blixen (su pseudónimo literario era Isak Dinesen) es alentada por Denys (el personaje de Robert Redford) a contar un cuento que amenice la velada a los allí presentes. Ella no se hace de rogar en absoluto y da entender que disfrutará de ello como de un juego, igual que cuando sus sobrinas le proponían la primera frase del cuento que Karen les contaba cada noche. De modo que Denys comienza con una frase insólita que Karen inmediatamente prende a sus palabras y enlaza en una narración cautivadora. El improvisado relato fluye con un caudal fascinante de principio a fin; el espectador de la película comparte la misma experiencia que los embelesados auditores de Karen, aun sin escuchar sus palabras sino la bella música de John Barry sonando sobre las llamas de una vela y de una chimenea (el fuego como logos...). En definitiva, cuando escuchamos a un buen improvisador atendemos a sus palabras asombrados porque parece que está improvisando de memoria. Y en cierto modo lo hacen, conjugan memoria e imaginación en una narración que, de alguna manera,  es verdad.

   Una vez dibujada esta introducción o tributo a los grandes improvisadores orales, para no alargarme más dejo los aspectos de tipo más práctico para la segunda parte de este "IMPROVISANDO DE MEMORIA". Y ahora sencillamente propondré una tirada de Story Cubes (los nueve dados de la edición original y los tres de la expansión de "TERROR"). Como comentaré en la siguiente entrada a este blog, esa tirada la improvisé en su día con un cuento diferente al que aquí propongo más abajo de la foto, algo más meditado y elaborado. No dudéis en inventaros vosotros mismos un cuento a partir de esta tirada de dados y dejadlo por escrito en los comentarios de esta entrada!.

  



  SI YO FUERA POBRE...


   Yo tenía una mansión con unas envidiables vistas a un bonito jardín de estilo inglés, generoso en vegetación silvestre, desprovisto de normas geométricas y repleto de maleza, arbustos, manzanos y una gran variedad de árboles frutales. De todo había en abundancia en aquel vergel, coronado en la loma más cercana a la mansión  por un tiovivo imponente que hacía las delicias de niños y mayores. Recuerdo cómo en sus giros ecuestres disfrutábamos en familia de las puestas de sol los días de fiesta que eran, cuando menos, cinco a la semana rotando en cadencia con la vida el tiovivo. De modo que el carrusel de días festivos se engranaba en sucesivas vueltas con el carrusel de los caballitos y el de las puestas de sol, unas vueltas dentro de otras como en el sistema de epiciclos y deferentes de los antiguos astrónomos.

   Los ricos también sueñan. Yo una noche soñé que un gran fuego arrasaba mi mansión y mi jardín y que, entre astillas y brasas, relinchaban  los caballos de madera del tiovivo siendo devorados por las llamas en su girar incesante. Soñé que caía casi eternamente por un agujero y nunca alcanzaba el fondo y nunca sabía por que me caía, hasta que me dormí cayendo. Soñé que despertaba sepultado por montones de arena y guijarros y que inútilmente logré sacar una mano a la superficie, pues nadie había allí para ofrecerme ya auxilio...

   Fue tan vívido aquel sueño que desde aquella noche me siento un poco extranjero en mi propia vida. Y eso no me disgusta. Mis allegados en alguna ocasión han sugerido que, en ocasiones, parezco un alienígena. Y entonces me pregunto si ellos mismos se han llegado a creer por completo y sin dobleces el papel que interpretan en este escenario...