Contamos con dados contados...

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LOS BINOMIOS FANTÁSTICOS O CÓMO HACER GEMIR A UN CUADERNO


    Cuántos binomios y polinomios vimos escritos en la pizarra en aquellas clases en el colegio, ¿verdad? ¿Y si alguno de aquellos binomios llegó a ser fantástico y no nos dimos cuenta en su momento? Tal vez fue así, tal vez... Aunque tal vez entonces la clase en cuestión no era la de matemáticas y la pizarra en concreto contenía más palabras que números...
   Sin desmerecer en modo alguno la ciencia matemática, los binomios de los que habla Gianni Rodari no son expresiones algebraicas sino determinados pares de palabras de los que surge una chispa que da origen a una historia. En general las personas estamos habituadas a pensar a partir de polos opuestos. Entendemos el mundo en parejas de opuestos, pares de conceptos que se forman simultáneamente. Por ejemplo, lo blando y lo duro: la génesis de cada uno de ellos reside en el contraste, choque o antagonismo entre ambos (esta idea de que el pensamiento y la realidad tienen una estructura binaria puede rastrearse en aquellos primeros filósofos anteriores a Sócrates, algunos de cuales compartían la idea de que todo cambio tiene lugar entre opuestos, la unidad depende de una reacción entre opuestos; los pitagóricos ponían como ejemplo Lo Par y Lo Impar, Lo Limitado y Lo Ilimitado, etc.). En definitiva, entendemos mejor el mundo a partir de pares y no de elementos aislados. Podemos llamarlos binomios lógicos, no solo los relacionados por oposición (lo grande y lo pequeño, lo frío y lo caliente, etc.) sino todos los que lógicamente estén cercanos por su campo semántico (carro y rueda, vaca y leche, etc.).

   Ahora bien, los binomios que ponen en marcha una historia no son por lo común los binomios lógicos sino los binomios fantásticos. Así lo explica el escritor nacido en Roma:

  "Hace falta una cierta distancia entre las dos palabras, hace falta que una sea lo bastante extraña a la otra, y su acercamiento discretamente insólito, como para que la imaginación se vea obligada a ponerse en marcha para establecer entre ellas un parentesco, para construir un conjunto (fantástico) en el que puedan convivir los dos elementos extraños. Por ello es bueno elegir el binomio fantástico con ayuda del azar; que las dos palabras sean dictadas por dos niños, sin que ninguno de los dos sepa la del otro; echadas a suertes; indicadas por un dedo que no sabe leer en dos páginas lejanas del diccionario (...).
   En el binomio fantástico las palabras no son tomadas en su significado cotidiano, sino liberadas de las cadenas verbales de las que forman parte cotidianamente. Son extrañadas, mudadas, lanzadas una contra otra en un cielo jamás visto antes. Entonces se encuentran con las mejores condiciones para generar una historia"
Gianni Rodari, Gramática de la fantasía. Editorial Planeta, 2008

    Bien, no creemos que hagan falta mayores explicaciones. A mí este método me recuerda a esa pregunta que nos hacemos para expresar sorpresa o extrañeza ante una argumentación absurda: ¿qué tiene que ver la velocidad con el tocino? Vaya binomio fantástico, velocidad y tocino. Rápidamente aparece el ocurrente que establece decenas de conexiones entre ambas palabras como si fueran en realidad un binomio lógico, solo que abriendo caminos no tan fáciles. Por su lado, un binomio poco o nada fantástico sería caballo y perro, pues desde el punto de vista de la materia prima imaginativa no darían para mucho. Lo mismo ocurre con cuaderno y lápizlámpara y farola (admitamos que un cuento sobre una lámpara y una farola podría dar juego, pero seguro que no tanto como el binomio que más abajo ponemos de ejemplo). Detengámonos en los siguientes binomios y pongámonos a retar sus capacidades de fantasía:

raíz  escafandra
cuaderno gemido   
farola peluca 
excavadora sábana
camiseta retablo
freidora pergamino
chincheta pelícano
suegra trinchera

   El primer paso para activar esos binomios en una historia podría ser sencillamente probar a unir sus términos mediante preposiciones: escafandras con raíces, cuadernos de gemidos, pelucas bajo farolas (o sobre ellas), excavadoras entre sábanas, camisetas tras los retablos, freidoras según pergaminos, pelícanos contra chinchetas, suegras por las trincheras...
   
   Cada una de estas ocho situaciones fantásticas es el esquema o modificación inicial de esa materia prima que eran las extrañas parejas, ahora un poco más extrañadas. La bonita tarea del contador de historias consistiría en trabajar esas situaciones jugando con todas las ideas prendidas por esa llama inicial hasta desarrollar algo más acabado. Ni que decir tiene que lo esencial está en el propio juego y el disfrute que ofrece poner a funcionar un binomio fantástico. En realidad ese divertimento comienza incluso antes, como señala Rodari, desde el momento en que se seleccionan los términos del binomio, con la expectación que despierta en un niño descubrir la palabra que formará binomio con la ya escrita en la pizarra por su compañero. ¿Imagináis escrita la palabra cuaderno y el pitorreo que se armaría de inmediato al verla emparejada por el azar con gemido? ¿Y la historia que podría salir de ese binomio qué? 
A continuación nos atrevemos tan solo a sugerir un comienzo, tal vez prometedor de algo más.
     DESCONCIERTO DE GEMIDOS ENCUADERNADOS EN SÍ SOSTENIDO

   En la Librería-Papelería Lorca el jueves en la sobremesa, con la tienda aun cerrada, se emitió un gemido en la estantería que hay detrás justo del mostrador. Nadie lo escuchó, así que según alguno... no existió tal gemido. Pero sí que existió el gemido de las cinco y cuarto, cuando el establecimiento aun no había recibido clientes. Doña Patro, sentada en su mimbrera ancestral y con el Diez Minutos en el regazo, lo escuchó nítido, como si estuvieran gimiendo en la periferia más cercana de su oreja izquierda. Pensó al principio que era pitorreo de su sobrino. Pero el Kiko no solía parar por la tienda tan temprano. En fin, a Doña Patro le dio por hacer un breve análisis del segundo gemido, surgido de una balda más inferior. Este había sido un gemido más entrecortado y menos lastimero, más propio de un dolor o pena más ambiguos. Gimoteaba más que gemía; penaba, pero menos.

   Desde su posición la dueña atisbó la zona en donde podría estar agazapada la criatura, tal vez mascota doméstica, que así se manifestaba en el silencio de la librería. La mujer lanzó hacia aquel rincón sonoro su mirada por encima de una gafas de leer que hacían equilibrio en el abismo nasal, con la expresión penetrante que le había visto a Sánchez Dragó en su programa, talmente. Pero ni por esas logró amedrentar al oculto gimiente. Justo al apagarse el tercer gemido sonó con un chotis el avisador de visitas. Y era que pasaba por la puerta aquel castizo varón:

-¿Lo ha escuchado usted, Don Miguel?
-Claro, le funciona a usted el chivato de clientes como el primer día: "Pi-chiii, es-el-chu-lo-que-cas-ti-gaa..."
-No es eso. Calle, calle, a ver si lo hace otra vez...-Doña Patro se hace estatua de sal agarrando del brazo al hombre, hasta que ambos escuchan otro nuevo gemido y ella se regocija- ¿Qué? ¿no estoy yo loca entonces?
-Caramba, ¿tiene otra vez gato?
-Ni gato ni gata, que no son maullidos. Gimen! Y yo creo que son...
-¿Quiénes? -el señor simula aún más intriga.
-Pues... los cuadernos! Los cuadernos que tengo ahí abajo para vender!
-¿Cómo los cuadernos?
-Sí! Han gemido ya cuatro veces lo menos.
-A ver si es porque les están pinchando las tijeras y los compases que tiene usted ahí...

   Y el quinto sonó claramente como una salida de tono, una sucinta pero intensa melodía vocal de placer. La dueña se sonrojó de inmediato, pero ya no se hicieron esperar los siguientes gemidos diversamente encuadernados. La tienda dio espacio a toda una variada interpretación de voces en papel. Unos eran gemidos infantiles con doble raya y con margen, amparados en dos firmes grapas; otros eran gemidos toscos de cuadrícula gorda aglutinada en espiral de alambre; otros gemían geométricamente con una cuadrícula menor y con páginas unidas con pegamento, fácilmente desprendibles; de repente resonó libre el gemido en blanco y con pasta dura. Y naturalmente, el gemido sinfónico de pentagrama también se abrió por fin paso en aquel desconcierto de gemidos...
  
 

    Animaos en los comentarios de esta entrada a poner a funcionar alguno de los binomios fantásticos de ahí arriba. O puede que otro binomio que vosotros decidáis. Igual alguno intenta incluso un polinomio fantástico. Es un ejercicio de imaginación realmente divertido. Y vuestros comentarios serán oro!




7 comentarios:

  1. A la manera de Rodari...excavadoras y sábanas:

    El rocío y el relente arropan a las excavadoras, que duermen por lo general hasta las ocho. Todas las de la ciudad amanecerán hoy además con una cubierta extra: una sábana blanca que se ajustará a su talle de máquina obrera como guantes profilácticos. Las informativos explicarán que otro tanto ha ocurrido en muchos puntos del planeta. Podrían presumir hoy las excavadoras de nuevo modelito, de no tratarse en realidad de camisas de fuerza tejidas y revestidas para precintar sus ruedas, sus motores y sus palas. Como telarañas de origen extraterrestre. La fuerza obrera esta vez se revuelve contra la maquinaria cruel de un sistema que se reconoce así, maquinante y deshumanizante. Serán las sábanas de la rebelión y pagarán excavadoras justas por pecadoras. Pero hoy no habrá zanjas de injusticia social, hoy no habrá derribos para deshaucios, hoy no habrá delitos ni crímenes legales de lesa humanidad. No faltarán justificaciones insidiosas del poder que manchen las sábanas rebeldes: hoy es jornada de reflexión, purifiquémonos compartiendo el fenómeno en todas las redes sociales y mañana el mundo seguirá excavándose en torno a nuestro propio eje. Pero mañana no ha llegado, aún las excavadoras duermen, cubiertas solo por el relente...

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    1. Se podría titular "La mañana que a las excavadoras se les pegaron las sábanas "

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  2. Entretenimiento de dioses

    Estaba la recién formada pareja dando un paseo por el campo, cuando una furibunda ráfaga de viento se llevó por los aires la peluca con la que él se empeñaba en esconderle su calvicie a ella. Acto seguido, se ocultó el sol, y se quedaron en la más profunda oscuridad.
    Aquel día, el sol se retiró a sus aposentos 5 horas antes de lo que era habitual en esas fechas. Todos se preguntaban que podría estar pasando… ¿Sería el fin del mundo? No lo era, se trataba simplemente de juegos de dioses:
    -Apolo: “¿Por qué lo hiciste, por qué tuviste que entrometerte en sus asuntos?”
    -Eolo: “Me parece que no hacen buena pareja, y que no van a ser felices”
    -Apolo: “Eso solo el tiempo lo dirá. De momento, se quedarán sin luz solar unas horas”
    Es por eso que aquel día el sol brilló 5 horas menos de lo habitual. Apolo consiguió hacer entrar en razón a Eolo, y una nueva ráfaga de viento le devolvió su peluca al enamorado antes de que se aproximaran a alguna farola. Muchas veces buscamos explicaciones enrevesadas para cosas que tienen fácil explicación. Y también tratamos de ocultar cosas que no tienen la menor importancia, incluso violando para ello si hace falta las leyes de la naturaleza.

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    1. Me gusta esa moraleja de que buscamos explicaciones complicadas para lo simple. Muy de Occam. Y muy de Rodari también. Sobre su cuento "Cuando en Milán llovieron sombreros" anotó: "aquí entre nosotros, ¿qué necesidad hay de explicar?

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  3. BINOMIO SUEGRA/TRINCHERA

    Este relato va en homenaje a todas las suegras y yernos de bien que hay en el mundo:

    "Si te quedas en la trinchera, te matan". Al oírlo, Sebastían puso cara de recién levantado y se adelantó unos metros a base de un trotecillo perezoso hasta el círculo central. "Rafa, coño, no te separes de la 8 que por ahí nos han venido los tres goles, que parece que no queremos aprender!". De haberme sumido en el silencio en lugar de dejar descontrolada a mi impotencia gritando así, habría escuchado mis latidos susurrando "árbitro-la-hora-árbitro-la-hora", "Chicos, tenemos que jugar un poco mejor, porque peor es imposible!". Y de habérmelo anunciado un profeta el domingo pasado cuando cerramos con ellas la fecha del partido, mientras yo pegaba un sorbo a mi caña de cerveza, le habría bañado la cara con Mahou reventando a carcajadas. Ahora nos bañaban ellas. Escuché a Romero en su banda lamentarse por un exceso de confianza. Ay, Romerito. Otro imbécil. ¿Pues no me suelta sin sonrojarse "hemos hecho nuestro partido y punto"? Justificaciones sin tino, retahílas de lamentos y otras bobadas. ¿Pero es que en realidad cabía otra reacción a los yernos cuando esto ya estaba casi consumido? Claro, reconocer que nos batían con solvencia también aquí. Nunca volvería una oportunidad así para ganarlas en casa. No eran de aquí. Eran más que galácticas. Extragalácticas. Cada una con su propio aquel, pero todas ellas procedentes de las estrellas. La mía por lo menos sí, aunque empadronada en Argamasilla de Alba. Durante el encuentro no tuvo piedad la jodía y me costó reconocer en ella a la cariñosa abuelita materna de mis hijos. Pero una cosa es roconocer la superioridad, algo que basta con un gesto sin excesivos aspavientos, y otra muy distinta es humillarse públicamente. Ahí, con las mujeres y los críos presenciando la función. Y el Quique chillando cada dos por tres como una neneza: "Mamá, por favor, menos patadas que es solo un juego y me dejas de baja". ¿Mamá? Venga, hombre ya... por favor, que acabase aquel suplicio y después cada uno a su casa y ellas en la de todos.


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  4. MIGUEL EL TIRADOR

    La guerra civil seguía vigente. Treinta meses de lucha fraticida sin tregua en ninguna parte de mapa de España. Las calles de Madrid eran una calamidad a esas alturas. Las barricadas se levantaban entre las fachadas de las viviendas deshabitadas mas también las trincheras se cavaban en lugares de arena y tierra. Parques jardines y áreas vacías eran dueñas de esas zanjas.

     

       En una de ellas disparaba Miguel. Veinte abriles, piel blanca y cabellera rubia. Su valentía rayaba en temeridad.

     

    - Aquí al final te vas a quemar- le gritaba un chuleta de la milicia.

     

       Miguel cargaba su fusil rápidamente:

     

    - A mi nada me quema. Ni siquiera si me mandaran al frente.

    - Sabes que ahí va a ser que naranjas de la china- intervenía un camarada de cincuenta. El brigada Ramírez  te quiere a su vera

    - El brigada Ramírez - asentaba Miguel- tiene más gente para cavar trincheras. Aunque si la defensa sigue así de chunga a ver de que parte saca más milicia.

     

        El chuletilla que decía que Miguel se iba a quemar se levantaba y calaba su fusil en una ranura de la trinchera:

     

    - ¿Qué me dices Miguelín? ¿Qué humildad es esa? ¿El brigada te quiere para dar paletadas a la tierra? Te necesita para disparar. Decía ayer que tiras igual que una manada de ángeles.

    - Resultará que existan ángeles y encima metan balas en las cabezas enemigas.

    - Sí. Ángeles de la causa libertaria igual va a ser que sí- reía el petulante-

     

         En la trinchera enemiga aullaban de alegría.

     

         El brigada Martínez se acercaba para hacer balance de las bajas en la batería Andaba

     igual que un tren y apartaba a puntapiés las cajas vacías de madera.

     

    - ¡Me cachis en mi suegra! Basta ya de distraer a Miguel. Callad y al tema. Que aquí hay tela para hincar tijeras.

    - ¡La piel se les va a caer a tiras mi brigada! - grita alguien-

    -    ¡A Matar. A matar a esas putas! ¡Madrid va a ser su sepultura!

    - Mi brigada- señala Miguel- aquí nadie me distrae. Me cargaré a diez más aunque mis camaradas me canten cuplés.

    - ¡Me cachis en mi suegra!- vuelve a gritar Ramírez- Argumentas sabiamente y cumplirás.

     

         Y al ir a levantarse para planear una nueva estrategia una bala se metía en su sesera.

     

      Su última imagen fue la de su suegra que fabricaba una mirada agria al ver en el traje militar de él una mancha de salsa de la cena.

      

                                                                                        Sin la letra "o"          

                                        Francisco José Megía López-Mingo                         

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    1. Esa última visión se tiñe de simbolismo y me hace pensar en suegras que pasan revista y en calles salpicadas de salsa y muerte. Gracias por dejarnos este ejercicio de imaginación, hermano! Esquivaste la "o" como las balas, salvo en título...

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