Contamos con dados contados...

Contamos con dados contados...

CONJETURAS Y BUZONES

    Hay un camino por el que transitan quienes hacen ciencia. Es un método que para explicar los fenómenos observados lanza hipótesis, a partir de las cuales se deducen consecuencias que se puedan contrastar con la experiencia. El segundo de estos pasos del método hipotético-deductivo, el que consiste en formular hipótesis, tiene mucho de racional pero también un poco de intutivo. Y, según el filósofo Karl Popper, las hipótesis por mucho que se transformen en leyes nunca darán como resultado una teoría definitiva. Al fin y al cabo las hipótesis y sus consecuencias serán la base de una teoría siempre provisional, pues solo es corroborada por la experiencia mientras no haya ejemplos en contra que la refuten. Así decía el filósofo austríaco que funciona la ciencia, a base de "conjeturas y refutaciones". Nunca se verifican en absoluto las teorías, solo las aceptamos en tanto que no sean falsadas por la experiencia. De ahí que los enunciados científicos tienen que tener la propiedad de ser falsables, es decir, que dejen la posibilidad de buscar otros enunciados observacionales que contradigan la ley. Y de ahí también ese pecio tan mordaz de Rafael Sánchez Ferlosio señalando la pretenciosa modestia de Popper, como también la de Sócrates cuando afirmaba "solo sé que no sé nada": ambos mojan la pluma no en el tintero sino en el océano.

   Las hipótesis de las que vamos a hablar aquí no serán científicas, pero sí de magnitudes oceánicas. Si se ignora el desarrollo histórico de las teorías científicas, hoy algunas hipótesis que en su día lanzaron los científicos nos podrían parecer hipótesis fantásticas. Por ejemplo: ¿y si la Tierra es el centro del universo?, ¿y si algunos cuerpos arden porque contienen una sustancia sin peso que se llama flogisto? Sin embargo, su pretensión no era fantasiosa. Deducir todas las consecuencias de una hipótesis, poner en coherencia observaciones y enunciados dejando la posibilidad de entrar en conflicto con la experiencia... deja poco margen a la fantasía. Y aun así, los mundos que describían algunas teorías ya refutadas hoy nos aparecen como fantásticos: esferas concéntricas en las que se engarzan planetas y estrellas, órbitas y subórbitas propias de tío-vivos dentro de otros, etc. Quizá los modelos que propone la ciencia actual ofrezcan descripciones mucho más alucinantes aún, no lo niego. Pero ahora pensemos en algunas hipótesis verdaderamente fantásticas famosas (de la literatura, de la tradición oral, etc.)  y los mundos tan increíblemente "creíbles" que se han derivado de ellas...

   Gianni Rodari pone como ejemplo de hipótesis fantástica "La Metamorfosis", aunque tal vez Kafka en ese relato ni siquiera se propusiera la formulación concreta ¿qué ocurriría si un hombre se despertase transformado en un inmundo escarabajo? Dentro de esa hipótesis todo se vuelve lógico y humano y se carga de significados interpretables. Y recoge esta cita del poeta y filósofo alemán Novalis (su nombre de nacimiento era Georg Philipp Friedrich von Hardenberg):
"Las hipótesis son como redes: lanzas la red y tarde o temprano encuentras algo."

   Y he aquí la sencilla explicación de la hipótesis fantástica que da Rodari:
"La de las hipótesis fantástica es una técnica muy sencilla. Su forma es, precisamente, la de la pregunta: Qué ocurriría si...
Para formular la pregunta, se eligen al azar un sujeto y un predicado. Su unión proporcionará la hipótesis sobre la cual trabajar"

   Algunos cuentos de este autor son el resultado de este recurso. Así, la pregunta ¿qué ocurriría si vuestro ascensor bajase hasta el centro de la Tierra y subiese hasta la luna? dio lugar a "Ascensor para las estrellas", cuya audición podéis es escuchar aquí. Como en el caso de los binomios fantásticos, el disfrute está incluso más en el planteamiento y en el desarrollo que en el resultado. Proponer hipótesis chocantes y disparatadas no es solo una promesa de diversión sino una diversión en sí misma. En cuentos como "Cuando en Milán llovieron sombreros" el lector incluso puede seguir probando consecuencias de la hipótesis fantásticas o quedarse con alguno de los finales que ofrece el autor.

   Ayer mismo alguien me dijo: "prefiero no hacer conjeturas, porque no sé adónde nos llevarían". Era la responsable de mi oficina de Correos al tratar de responderme por qué el cartero depositaba las notificaciones en mi buzón dos meses después de tenerlas en su carro de reparto. Aprovechando este caso real, planteo las siguientes hipótesis fantásticas:
-¿qué ocurriría si las cartas y los envíos postales en general al enviarse cobrasen vida propia? (no va a ser vida ajena ¿verdad?)
-¿qué ocurriría si los buzones un día sin advertirlo se transformasen en portales de viajes en el tiempo?

   ¿Qué cuentos podrían resultar de tales hipótesis?

  

COMBINACIONES FINITAS, HISTORIAS GORDITAS

   Uno de los argumentos que se menciona en la publicidad de los Rory´s Story Cubes es que estos dados ofrecen miles y miles de combinaciones posibles de dibujos o pictogramas. Hay por cierto quien habla de "pictógrafos", pero siendo rigurosos ese término no está recogido en los diccionarios, aunque sí aparece en cambio la palabra pictografía. Esta se define así: "Escritura ideográfica que consiste en dibujar los objetos que han de explicarse con palabras".
   Ciertamente las combinaciones son muchísimas en este juego, más aun teniendo en cuenta que se puede jugar usando no solo un juego de nueve dados sino también añadiendo algún otro de los que se venden con otras modalidades de dibujos. Más abajo   hablaremos de esas otras versiones y extensiones de los Story Cubes, pero antes comentaremos una curiosidad sobre el origen de estos. Según cuentan, el individuo que ideó estos cubos para sacarlos al mercado se inspiró en el célebre cubo de Rubik. Nos referimos al clásico cubo hexaedro de 3 x 3 x 3, pues actualmente este tipo de puzles, que se resuelven rotando piezas engranadas entre sí, se ha desarrollado en complejidad de tal modo que Rory O´connor para construir un "generador de historias" podría haber tenido en mente modelos que dieran de sí una infinidad de combinaciones aun más amplia. Hasta donde tengo noticia, se han fabricado cubos de 13 x 13 x 13. Pero volviendo al cubo de Rubik tradicional y sobre todo para los curiosos, pinchando aquí puede verse una especie de croquis del Metacubo en que llegaría a desplegarse una versión del cubo de Rubik pasado por las manos de Rory, es decir, un cubo que en lugar de los seis colores tuviera un pictograma en cada uno de los 54 cuadrados.
   Para entender las posibilidades de los Story Cubes en lo tocante a ofrecer combinaciones de dibujos, basta con pensar un ejemplo de precisamente lo contrario, es decir, de sus limitaciones en ese sentido. Tomemos por ejemplo un dado de la versión original del juego (la caja naranja, que fue la que usamos en la primera entrada de este blog) y fijémonos en el dibujo del puente sobre el río (el último de la tirada que propusimos entonces). Pues bien, solo con atender a los otros cinco dibujos que conforman las caras de ese dado podremos imaginar qué historia no nos permite imaginar un uso convencional del juego. Así, tocaría "desimaginar" la historia de un puente bajo la luna y por el que pasaba una abeja, etc.  A no ser, claro está, que los límites de nuestra imaginación superen esa geometría y seamos flexibles estableciendo reglas del juego que permitan incluso esas combinaciones que en principio están vetadas. Por ejemplo: que el jugador pueda elegir dos o mas caras de un dado, que una misma tirada se convierta en doble tomando las caras visibles y sus opuestas, etc.
    Sin embargo, como la imaginación al servicio del dinero tiene motivación extra, en la tienda nos proponen ampliaciones más mercantiles de esos límites. Así, se comercializan de momento tres versiones del juego con nueve dados (la versión original, la versión de viajes y la versión de acciones) más tres expansiones de tres dados cada una (una sobre cuentos de hadas, otra sobre tramas detectivescas y la tercera sobre la Prehistoria, ahí es nada). En fin, tampoco lo han explotado tanto en comparación con otros juegos. Exprimido o no el concepto, la suma de todos los dados en sus diferentes versiones es de treinta y seis. Y en total se han entretenido en dibujar 216 pictogramas. Si uno lo que quiere es disfrutar usando estos dados con las reglas que le apetezcan, mezclando versiones parcial o totalmente, narrando individualmente o varios participantes por turnos, retorciendo las interpretaciones de algunos de esos dibujos o por el contrario limitándolas, etc., se puede decir que las posibilidades se estiran mucho, mucho. A veces tal vez demasiado. Con un número apropiado de dados y con unas normas bien acordadas se puede disfrutar a las mil maravillas inventando y escuchando.
    Tras esta información general, ahora toca una propuesta para ponernos a contar una historia. La tirada que proponemos es de doce dados: nueve del juego de viajes y tres del juego de investigación de detectives. La única norma: inventar una historia que ponga en conexión esos doce dibujos en el orden que prefiera el autor.


   
  En una próxima entrada de este blog nos detendremos a hacer pictografía detallada, es decir, pondremos en común los significados posibles de esta escritura ideográfica de los Story Cubes en todas sus versiones. De momento para aclarar la foto de esta tirada de dados, nos atrevemos a leerlos así (de izquierda a derecha comenzando por arriba): alguien airado que señala con el índice de su mano izquierda, una seta o champiñón u hongo, una silueta humana trazada en la escena de un crimen, un mapa con un recorrido y un punto señalados, una pieza de puzle, una figura de ajedrez (peón), un cuenco de comida caliente, un contador analógico de aguja (tipo velocímetro), unas torres del tipo minarete (mezquita, ciudad musulmana, etc.), unas habas, una escalera de mano y unos grilletes o esposas.
    
  Bueno, ¿quién se anima al reto de contar una historia a partir de esta suerte?

LOS BINOMIOS FANTÁSTICOS O CÓMO HACER GEMIR A UN CUADERNO


    Cuántos binomios y polinomios vimos escritos en la pizarra en aquellas clases en el colegio, ¿verdad? ¿Y si alguno de aquellos binomios llegó a ser fantástico y no nos dimos cuenta en su momento? Tal vez fue así, tal vez... Aunque tal vez entonces la clase en cuestión no era la de matemáticas y la pizarra en concreto contenía más palabras que números...
   Sin desmerecer en modo alguno la ciencia matemática, los binomios de los que habla Gianni Rodari no son expresiones algebraicas sino determinados pares de palabras de los que surge una chispa que da origen a una historia. En general las personas estamos habituadas a pensar a partir de polos opuestos. Entendemos el mundo en parejas de opuestos, pares de conceptos que se forman simultáneamente. Por ejemplo, lo blando y lo duro: la génesis de cada uno de ellos reside en el contraste, choque o antagonismo entre ambos (esta idea de que el pensamiento y la realidad tienen una estructura binaria puede rastrearse en aquellos primeros filósofos anteriores a Sócrates, algunos de cuales compartían la idea de que todo cambio tiene lugar entre opuestos, la unidad depende de una reacción entre opuestos; los pitagóricos ponían como ejemplo Lo Par y Lo Impar, Lo Limitado y Lo Ilimitado, etc.). En definitiva, entendemos mejor el mundo a partir de pares y no de elementos aislados. Podemos llamarlos binomios lógicos, no solo los relacionados por oposición (lo grande y lo pequeño, lo frío y lo caliente, etc.) sino todos los que lógicamente estén cercanos por su campo semántico (carro y rueda, vaca y leche, etc.).

   Ahora bien, los binomios que ponen en marcha una historia no son por lo común los binomios lógicos sino los binomios fantásticos. Así lo explica el escritor nacido en Roma:

  "Hace falta una cierta distancia entre las dos palabras, hace falta que una sea lo bastante extraña a la otra, y su acercamiento discretamente insólito, como para que la imaginación se vea obligada a ponerse en marcha para establecer entre ellas un parentesco, para construir un conjunto (fantástico) en el que puedan convivir los dos elementos extraños. Por ello es bueno elegir el binomio fantástico con ayuda del azar; que las dos palabras sean dictadas por dos niños, sin que ninguno de los dos sepa la del otro; echadas a suertes; indicadas por un dedo que no sabe leer en dos páginas lejanas del diccionario (...).
   En el binomio fantástico las palabras no son tomadas en su significado cotidiano, sino liberadas de las cadenas verbales de las que forman parte cotidianamente. Son extrañadas, mudadas, lanzadas una contra otra en un cielo jamás visto antes. Entonces se encuentran con las mejores condiciones para generar una historia"
Gianni Rodari, Gramática de la fantasía. Editorial Planeta, 2008

    Bien, no creemos que hagan falta mayores explicaciones. A mí este método me recuerda a esa pregunta que nos hacemos para expresar sorpresa o extrañeza ante una argumentación absurda: ¿qué tiene que ver la velocidad con el tocino? Vaya binomio fantástico, velocidad y tocino. Rápidamente aparece el ocurrente que establece decenas de conexiones entre ambas palabras como si fueran en realidad un binomio lógico, solo que abriendo caminos no tan fáciles. Por su lado, un binomio poco o nada fantástico sería caballo y perro, pues desde el punto de vista de la materia prima imaginativa no darían para mucho. Lo mismo ocurre con cuaderno y lápizlámpara y farola (admitamos que un cuento sobre una lámpara y una farola podría dar juego, pero seguro que no tanto como el binomio que más abajo ponemos de ejemplo). Detengámonos en los siguientes binomios y pongámonos a retar sus capacidades de fantasía:

raíz  escafandra
cuaderno gemido   
farola peluca 
excavadora sábana
camiseta retablo
freidora pergamino
chincheta pelícano
suegra trinchera

   El primer paso para activar esos binomios en una historia podría ser sencillamente probar a unir sus términos mediante preposiciones: escafandras con raíces, cuadernos de gemidos, pelucas bajo farolas (o sobre ellas), excavadoras entre sábanas, camisetas tras los retablos, freidoras según pergaminos, pelícanos contra chinchetas, suegras por las trincheras...
   
   Cada una de estas ocho situaciones fantásticas es el esquema o modificación inicial de esa materia prima que eran las extrañas parejas, ahora un poco más extrañadas. La bonita tarea del contador de historias consistiría en trabajar esas situaciones jugando con todas las ideas prendidas por esa llama inicial hasta desarrollar algo más acabado. Ni que decir tiene que lo esencial está en el propio juego y el disfrute que ofrece poner a funcionar un binomio fantástico. En realidad ese divertimento comienza incluso antes, como señala Rodari, desde el momento en que se seleccionan los términos del binomio, con la expectación que despierta en un niño descubrir la palabra que formará binomio con la ya escrita en la pizarra por su compañero. ¿Imagináis escrita la palabra cuaderno y el pitorreo que se armaría de inmediato al verla emparejada por el azar con gemido? ¿Y la historia que podría salir de ese binomio qué? 
A continuación nos atrevemos tan solo a sugerir un comienzo, tal vez prometedor de algo más.
     DESCONCIERTO DE GEMIDOS ENCUADERNADOS EN SÍ SOSTENIDO

   En la Librería-Papelería Lorca el jueves en la sobremesa, con la tienda aun cerrada, se emitió un gemido en la estantería que hay detrás justo del mostrador. Nadie lo escuchó, así que según alguno... no existió tal gemido. Pero sí que existió el gemido de las cinco y cuarto, cuando el establecimiento aun no había recibido clientes. Doña Patro, sentada en su mimbrera ancestral y con el Diez Minutos en el regazo, lo escuchó nítido, como si estuvieran gimiendo en la periferia más cercana de su oreja izquierda. Pensó al principio que era pitorreo de su sobrino. Pero el Kiko no solía parar por la tienda tan temprano. En fin, a Doña Patro le dio por hacer un breve análisis del segundo gemido, surgido de una balda más inferior. Este había sido un gemido más entrecortado y menos lastimero, más propio de un dolor o pena más ambiguos. Gimoteaba más que gemía; penaba, pero menos.

   Desde su posición la dueña atisbó la zona en donde podría estar agazapada la criatura, tal vez mascota doméstica, que así se manifestaba en el silencio de la librería. La mujer lanzó hacia aquel rincón sonoro su mirada por encima de una gafas de leer que hacían equilibrio en el abismo nasal, con la expresión penetrante que le había visto a Sánchez Dragó en su programa, talmente. Pero ni por esas logró amedrentar al oculto gimiente. Justo al apagarse el tercer gemido sonó con un chotis el avisador de visitas. Y era que pasaba por la puerta aquel castizo varón:

-¿Lo ha escuchado usted, Don Miguel?
-Claro, le funciona a usted el chivato de clientes como el primer día: "Pi-chiii, es-el-chu-lo-que-cas-ti-gaa..."
-No es eso. Calle, calle, a ver si lo hace otra vez...-Doña Patro se hace estatua de sal agarrando del brazo al hombre, hasta que ambos escuchan otro nuevo gemido y ella se regocija- ¿Qué? ¿no estoy yo loca entonces?
-Caramba, ¿tiene otra vez gato?
-Ni gato ni gata, que no son maullidos. Gimen! Y yo creo que son...
-¿Quiénes? -el señor simula aún más intriga.
-Pues... los cuadernos! Los cuadernos que tengo ahí abajo para vender!
-¿Cómo los cuadernos?
-Sí! Han gemido ya cuatro veces lo menos.
-A ver si es porque les están pinchando las tijeras y los compases que tiene usted ahí...

   Y el quinto sonó claramente como una salida de tono, una sucinta pero intensa melodía vocal de placer. La dueña se sonrojó de inmediato, pero ya no se hicieron esperar los siguientes gemidos diversamente encuadernados. La tienda dio espacio a toda una variada interpretación de voces en papel. Unos eran gemidos infantiles con doble raya y con margen, amparados en dos firmes grapas; otros eran gemidos toscos de cuadrícula gorda aglutinada en espiral de alambre; otros gemían geométricamente con una cuadrícula menor y con páginas unidas con pegamento, fácilmente desprendibles; de repente resonó libre el gemido en blanco y con pasta dura. Y naturalmente, el gemido sinfónico de pentagrama también se abrió por fin paso en aquel desconcierto de gemidos...
  
 

    Animaos en los comentarios de esta entrada a poner a funcionar alguno de los binomios fantásticos de ahí arriba. O puede que otro binomio que vosotros decidáis. Igual alguno intenta incluso un polinomio fantástico. Es un ejercicio de imaginación realmente divertido. Y vuestros comentarios serán oro!




¿QUÉ OS CONTÁIS?


   Decir que los cuentos no son solo cosa de niños no es una gran noticia. Pero este blog nace con la ingenuidad de los niños a la hora de escuchar un cuento nuevo. Lo nuevo ya es noticia. Y atención, porque lo que muchas veces queremos escuchar y contar es un cuento de nuevo. Contamos a nuestros niños versiones singulares del mismo cuento no solo para su disfrute sino para el nuestro. Renovamos y recontamos, construimos con las piezas ya familiares y pegamento nuevo, hilamos sobre la misma tela echando mano a otros retales... y el oyente se complace o se inquieta advirtiéndolo.
   Sin embargo, lo nunca oído es un viaje que casi siempre nos apetece. Y ya no digamos lo nunca dicho. Según el contador de cuentos Gianni Rodari hay un momento en que algún niño llega a preguntarse: "¿Cómo se hace para inventar historias?". Él dio su respuesta a esa pregunta y son memorables sus modos de inventar historias para niños en Gramática de la Fantasía: Introducción al arte de contar historias.
   En ese pequeño gran manual se nos enseñan algunas técnicas, mostradas con la sabiduría de la experiencia y con ilusión de las fórmulas mágicas, para inventar historias. Así: la china en el estanque, los binomios fantásticos, los “qué ocurriría si…”, los errores creativos, las falsas adivinanzas, los cuentos al revés, las ensaladas de cuentos, etc. Gianni Rodari propuso algo así como una democratización de la imaginación narrativa. No debería ser patrimonio de unos pocos saber cómo se inventan las historias. Y podríamos enseñar a los niños a contar sus propias historias, a usar esas herramientas liberadoras que son las palabras. Él mismo lo propone así: “Todos los usos de la palabra para todos, me parece un lema bueno y con agradable sonido democrático. No para que todos sean artistas, sino para que nadie sea esclavo”.
  Precisamente inspirados por ese texto del maestro italiano, que no es por supuesto el único en esa materia, lo que aquí pretendemos es una invitación a inventar historias. La única diferencia es que es una invitación para adultos que aun disfruten de ese juego de invención. No hace mucho que descubrí ese juego de dados que se menciona en el título de este blog, los Rory's Story CubesNos parece un recurso relativamente barato y bastante variado para disfrutar fabulando; un "generador de historias" lo anuncia su vendedor y existen varias modalidades y extensiones del juego, así como una aplicación para jugar desde la pantalla del teléfono. Lo usan como apoyo en algunos talleres de escritura, así como en la enseñanza de idiomas. Y hay incluso quienes elaboran sus propios dados para ir más allá de esos más de doscientos pictogramas que ofrecen los dados que se han hecho tan populares. Alguien nos ha comentado que estos dados tienen algo de Tarot y algo de jeroglífico. Y hay quien opina que para esta aventura es más barato y sencillo abrir un libro por diferentes páginas y escoger palabras al azar. En definitiva, nosotros aquí usaremos estos dados proponiendo cada vez diferentes reglas para sacarles partido como fuente de imaginación, pues lo dado es precisamente una combinación de imágenes que dejan un amplio margen a la interpretación.
   En cada entrada de este blog, por lo tanto, propondremos o bien una tirada de dados o bien un recurso de los que cita Rodari o bien cualquier otro pretexto a partir del cual originar y desarrollar un pequeño cuento. Y propondremos un cuento. En ese sentido, las técnicas de Gramática de la Fantasía son más amplias y acaso menos rígidas que los dados. En todo caso, insistimos, la intención no es tanto mostrar nuestro cuento sino invitaros a que inventéis y compartáis el vuestro a partir de las pautas dadas en la entrada. En ese sentido, la brevedad no siempre será una cortesía, aunque a veces tal vez llegue a ser genial. Algunos cuentos saldrán más o menos afortunados pero en cierto modo, como se anuncia en el título de este blog, todos serán hijos de la fortuna. Como por lo general no somos genios, no habrá forma de hacerlo tan mal y el mejor criterio será probablemente sentirnos disfrutando al inventar la historia. Ojalá os veáis tentados a escribir lo que os plazca en los comentarios de cada entrada, de eso se trata, ¡especialmente si inventáis vuestro propio cuento!

    A continuación os propongo un sencillo comienzo. Tal como muestra la foto de más abajo, es una tirada de nueve dados de la versión original de Story Cubes. En esta ocasión la única indicación a seguir para inventar el cuento es poner en conexión esas nueve imágenes en el orden de izquierda a derecha y de arriba a abajo, como en tres renglones de lectura.



















Y nuestra propuesta en forma de cuento es la siguiente:


   DOMINGO DE PASIÓN

   Mientras mis amigos se iban a dormir la mona, esa mañana fui de empalme a ver jugar al Rayo en Vallecas, pues el partido comenzaba a las doce. Era una manera de quemar mis últimas naves, tras una noche de fiesta más bien poco fogosa. No soy ya ni una sombra de lo que fui en aquella época. Por entonces la fiera que llevo dentro saltaba a la caza sin mi control y... había noches de cinco y seis pibones, una detrás de otra, toma, toma y toma, pa´que almuerces y pa´que comas. 

    En fin, jugar en casa a pleno sol del mediodía contra el Éibar no era en principio el mejor aliciente para mantenerse en pie, reventado por la resaca como yo iba. Pero no quité ojo al encuentro desde mi butaca casi a pie de campo. Gracias a que el partido resultó ser un tostón, mi mirada tuvo la gran oportunidad de la jornada... Mientras los visitantes nos plantaban un cerrojazo en defensa que teñía de negro nuestras aspiraciones a mantenernos en mitad de la tabla, mis ojos no podían retirarse de aquel descomunal pibón que reunía belleza y autoridad... corriendo de un lado a otro por el césped. Se desplazaba con la elegante pasión de la naturaleza bruta, como si sus pies pisaran la mismísima sabana. Aquella singular pantera uniformada bajo el sol de Madrid estaba a medio camino entre un documental de África Salvaje y un episodio de Willy Fogg. Hoy me parece insólito, pero me cautivó.
   Ocurrió de repente como una certeza redonda: mi mundo se resumió, durante unos breves minutos, a extasiarme ante aquel proto-hombre africano cuya piel brillaba entre esas otras veintidós marionetas. Llegaron a marcar algún gol, creo. En aquel instante me hubiera fundido con él... oh, no, por favor... no era posible que fuera para mí todo entero aquel negro! Y de pronto emitió un pitido que señalaba el final de aquello... y me sacó de mis sueños y... joder, entonces me descubrí hecho una fuente y sentí un extraño dolor de tripas. Algo acalorado aún, me pegué a la masa que salía exultante del estadio. En un folleto que recogí del suelo pude leer el nombre de quien había dirigido el encuentro y mi entera atención: Bakary Nono. "Vaya, mi negro negao, quizá con los jugadores te sirva ese apellido..." me dije tambaleándome hacia Puente de Vallecas.